EXPLICACIÓN EXTENSA (5)

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Controla tu tiempo

Respetar el tiempo que te conceden para hablar es una cualidad relacionada con el autodominio y la decencia, porque es un derecho y al mismo tiempo una responsabilidad.

No lo consideramos como una ley, pero no por eso deja de tener importancia, puesto que la puntualidad y el cumplimiento de las responsabilidades son en cierto modo un reflejo de la personalidad, específicamente del sentido de responsabilidad. Por eso suele ser parte del perfil que se busca de parte de una persona en la que se podría confiar.

Por decirlo así, 1) Algunos organizadores te conceden tiempo libre, 2) otros te advierten respecto al tiempo que tienes disponible, 3) y aún otros te preguntan cuánto tiempo necesitas para realizar tu explicación. En todo caso, debes respetar rigurosamente cualquier límite que te impongan o en el que concuerden, porque pasarte de tiempo pudieran considerarlo una falta de respeto y un serio defecto como orador, ya que implica robar tiempo al organizador y/o a los demás oradores, si los hubiere.

Para controlar el tiempo de un discurso bastan un bosquejo y un reloj. A medida que abarcas el material, vas comprobando que el reloj coincida con el tiempo anotado en cada punto principal. Hay dos maneras de controlar el tiempo.

Reloj. (El siguiente ejemplo es para un discurso de 30 minutos)

Al comienzo o introducción del bosquejo anotas, por ejemplo, 7 pm.
Al comienzo del primer punto principal anotas, por ejemplo, 7:01 pm.
Al comienzo del segundo punto principal anotas, por ejemplo, 7:15 pm.
Al comienzo del tercer punto principal anotas, por ejemplo, 7:20 pm.
Al comienzo del resumen final o conclusión anotas, por ejemplo, 7:28 pm.
Cronómetro. (El siguiente ejemplo es para un discurso de 30 minutos)

Al comienzo o introducción del bosquejo anotas, por ejemplo, 00:00 pm.
Al comienzo del primer punto principal anotas, por ejemplo, 00:01 pm.
Al comienzo del segundo punto principal anotas, por ejemplo, 00:15 pm.
Al comienzo del tercer punto principal anotas, por ejemplo, 00:20 pm.
Al comienzo del resumen final o conclusión anotas, por ejemplo, 00:28 pm.
La desventaja de anotar los tiempos con un reloj es que la reunión no comience puntualmente. Por eso es mejor usar un cronómetro, por dos razones.

    1. Flexibilidad

      Puedes echarlo a andar cuando desees, al margen de la hora que sea.
    2. Exactitud

      Puedes echarlo a andar antes de ponerte de pie, para descontar mentalmente el tiempo aproximado que toma caminar desde tu asiento hasta el atril. Cuando el cronómetro llegue al límite, sabrás que aún quedan esos segundos disponibles.

Si usas un teléfono celular con cronómetro y alarma, tienes dos ventajas adicionales.

    1. Vibrador

      Puedes configurarlo como vibrador de modo que sientas la vibración cuando llegue al límite. Solo asegúrate de echarlo a andar y colocarlo sobre el atril o en otro lugar apropiado (consulta las instrucciones de riesgo del manual del teléfono).
    2. Conexión total

      Puedes enviar la señal de tu discurso a cuantos deseen conectarse contigo vía telefonica en tiempo real.

Algunos atriles o plataformas disponen de un reloj o cronómetro referencial. En este caso, cuando se trata de un cronómetro del organizador, deja que el organizador se responsabilice de echarlo a andar y detenerlo. No asumas esa responsabilidad. Es mejor que confíes en tu propio cronómetro, porque no sabes cuán confiable es el tiempo que figura en el equipo del organizador.

Cuando solo dispones de un bosquejo mental, o cuando no dispones de ningún bosquejo en absoluto porque se trata de una entrevista o improvisación, solo te queda seguir el método de echar un vistazo a tu reloj y al tiempo general que queda disponible. Si sabes que la entrevista o improvisación debe terminar a las 03:00, no se te ocurra soltar un rollo a las 02:58. Lo apropiado sería abreviar. Es un serio defecto de oratoria que te digan: "Tiene 1 minuto" y hablas 3 minutos.

Lógicamente, si al final de la entrevista te hacen una pregunta cuya respuesta requerirá varios minutos, tal vez sea mejor decir: "Encantado de responderle, si hubiera hecho esa pregunta al inicio de la entrevista. Pero como comprenderá, con los 30 segundos que me quedan, no puedo explicarle algo que me tomará unos 5 minutos". Si te conceden tiempo extra, bien.

Una forma de controlar el tiempo es calcular la cantidad de palabras que puedes hablar por minuto, lo cual puedes averiguar prepararndo una redacción simple de tu tema una vez acabados tus ensayos.

REDACTAR

Redactar es poner por escrito un discurso, un acuerdo, algo que pensaste o algo que sucedió. Aunque un discurso comunica más vigor y entusiasmo cuando lo presentas a partir de un bosquejo sencillo, no de un escrito detallado, a veces es necesario redactarlo palabra por palabra, ya sea porque una norma del organizador así lo requiere, o simplemente porque quieres conservar una copia del contenido o ensayar con esta. (Por supuesto que si necesitas una redacción profesional, tal vez sea conveniente contar con los servicios de una secretaria profesional. En todo caso, hay algunos factores que te conviene tener presente.

Es un error suponer que podrás hablar cinco o diez minutos sobre algún aspecto en particular. Lo cierto es que si quieres abarcar un tema completamente, solo podrás hablar entre 1 y 3 minutos de cada aspecto importante, dependiendo del tiempo disponible. Por ejemplo, si tienes 3 puntos principales, y dos puntos secundarios por cada punto principal, y tu límite de tiempo es 15 minutos, significa que solo dispones como promedio de 4 minutos por punto principal, incluidos sus puntos secundarios, lo que significa hablar entre 30 y 90 segundos por punto.

Algunos oradores creen resolver el problema de tiempo hablando a toda velocidad a fin de abarcar la mayor cantidad de información posible, pero ¿y el entendimiento? La solución no consiste en atropellar al oyente con una estampida de ideas, sino de diseñar un bosquejo apropiado, es decir, uno que permita abarcar tanto material como el tiempo lo permita. En otras palabras, el tiempo manda. Si el tiempo no lo permite, debes condensar el discurso. No debes hablar por hablar, sino hacerte entender y llegar al corazón.

PALABRAS x MINUTO

Saber cuánto tiempo piensas hablar es esencial para calcular la cantidad aproximada de palabras por el promedio de tu velocidad natural. Es decir, sabiendo cuántas palabras sueles hablar cada 5 segundos puedes calcular cuántas hablarás en 1, 10, 30 ó 60 minutos. Las 4 Leyes sugieren hablar a una velocidad promedio de 14 palabras cada 5 segundos (que significa entre 12 y 16 cada 5 segundos). Pero, debes tener en cuenta tu propio promedio, es decir, tu estilo personal y manera como pausas entre las ideas. Por ejemplo, no es lo mismo hablar de corrido que citar frases sueltas una tras otra, como en un poema, porque la cadencia y la cantidad de pausas marca una enorme diferencia.

Ajustando los márgenes de un procesador de texto o máquina de escribir para redactar un máximo de 16 palabras por línea (o en todo caso por la cantidad que hayas decidido), puedes formarte una idea más clara de tu propio promedio general. Así cada línea equivaldrá siempre a 5 segundos, lo que significa que cada 12 líneas equivaldrá a 1 minuto. Sabrás que cada 12 líneas significa 1 minuto, al margen de la velocidad y cantidad de palabras que decidas hablar. La clave consiste en usar un cronómetro y averiguar tu promedio real de palabras por 5 segundos. Multiplicando por 12 conocerás tu promedio por minuto.

Si sabes utilizar una calculadora o una hoja de cálculo de Excel, puedes crear tu propia hoja de cálculo de tiempos. Para ver un ejemplo (basado en 14 palabras cada 5 segundos) haz clic aquí y baja una hoja de cálculo de muestra.

FORMATO

La siguiente etapa consiste en darle formato al documento. Un formato es el estilo, forma o imagen de la página una vez obtenido tu promedio por minuto. Puedes redactar un borrador escribiendo de corrido todo el discurso (Fig. 1). Luego debes hacer otro borrador dividiendo el escrito en párrafos de 12 líneas (Fig. 2), al margen de cuál sea la idea. En esta etapa no estás subdividiendo tus ideas, sino usando el formato para averiguar el tiempo total que tomará presentar la información.

En esta etapa puedes seccionar tus ideas como mejor convenga, ya sea con párrafos de dos, cinco o más líneas, según lo exija la distribución de la idea (Fig. 3). Por tanto, en la etapa 1 escribes todo de corrido, sin separar párrafos; en la etapa 2 divides todo en párrafos iguales de 12 líneas cada uno; y en la etapa 3 le das una apariencia agradable, según convenga subdividir la idea. El paso 2 es lo que te permite conocer la cantidad de palabras por minuto, de párrafos por página, y de páginas por hora.

ÍNDICE DE NUBOSIDAD

Se conoce como "Índice de nubosidad" a la dificultad relativa que presenta un texto tanto para su lectura como para su entendimiento, lo cual se calcula con una fórmula sencilla que toma en cuenta la cantidad de palabras, la cantidad de oraciones y la cantidad de palabras largas que hay en un párrafo (No debe considerarse como larga una palabra según la cantidad de sílabas, sino según los golpes de voz al decirla. Por ejemplo "noroeste" tiene 4 sílabas, "nor-o-es-te", pero solo tres golpes de voz, "nor-oes-te"). Los nombres propios no cuentan como palabras largas (Edilberto, Benedetti, Gastelumendi)

La fórmula consiste en dividir la cantidad total de palabras entre la cantidad de oraciones que contiene el párrafo para obtener el resultado "A". Luego multiplicar por 100 la cantidad de palabras largas para obtener el resultado "B". Sumamos ambos resultados y el total lo multiplicamos por 0.4. (Puedes descargar un archivo modelo para realizar los cálculos)

En pocas palabras, el "Índice de nubosidad" es solo un concepto que, en mi opinión, no debe tomarse como norma estricta, sino solo como una pauta guiadora muy interesante que puede ayudar a uno a mejorar la claridad de sus escritos. Por eso, en Oratorianet no nos ceñimos estrictamente a este concepto al redactar nuestros artículos.

Por ejemplo, analicemos el siguiente párrafo y veamos cómo aumentamos la claridad reduciendo el "Índice de nubosidad".
"A la comunidad científica le preocupa el efecto que el tránsito marítimo regular y el derretimiento de los hielos tendrán sobre los osos polares, las morsas y los pueblos nativos del Ártico. Además, el que el paso del Noroeste se hiciese transitable podría desencadenar conflictos políticos. ¿Qué más puede esperarse de la posible apertura del paso del Noroeste? El tiempo dirá qué más se podría esperar."

  • 66 palabras
  • 4 oraciones
  • 7 palabras largas
  • Índice de nubosidad 287

"A la ciencia le preocupa el efecto que el tránsito regular por mar y el deshielo tendrán en los osos polares, las morsas y los pueblos nativos del Ártico. Además, una posible apertura del tránsito naval por el Noroeste podría generar conflictos políticos. El tiempo dirá qué más se podría esperar."

  • 51 palabras
  • 3 oraciones
  • 1 palabra larga
  • Índice de nubosidad 47

"A la ciencia le preocupa el efecto que el tránsito regular por mar y el deshielo podrían tener en los osos polares, las morsas y los pueblos nativos del Ártico. Además, una apertura del tránsito naval por el Noroeste podría generar un conflicto social. El tiempo lo dirá."

  • 48 palabras
  • 3 oraciones
  • 0 palabras largas
  • Índice de nubosidad 6

Aunque por supuesto solo se trata de hallar un promedio relativo, en el contexto de la redacción de un texto, les expertos afirman que lo ideal sería un promedio de 18 palabras por oración y 3 oraciones por párrafo (en el último ejemplo contamos 48 palabras entre 3 oraciones y obtenemos un total de 16 palabras por oración como promedio, lo cual es muy aceptable), y un "Índice de nubosidad" de 10 ó menos por párrafo. No obstante, hay párrafos que gozan de gran claridad aunque rebasan por mucho los promedios mencionados. Por eso decimos que no se trata de cifras absolutas, sino relativas. Y a pesar de que pueden sustituirse algunas palabras largas por otras cortas, hay palabras largas que no siempre conviene sustituir.

Finalmente, ten en cuenta que este enfoque basado en un índice de nebulosidad se limita al aspecto físico del párrafo (cantidad de palabras y oraciones), pero no toma en cuenta las ideas ni el ritmo ni la necesidad del arte de exponerlas. Tal vez por razones de impacto el orador prefiera usar ciertas oraciones largas, o más oraciones cortas de las que sugiere el IDN. El arte de hablar no es parametrado. Por ceñirse demasiado al IDN podría sacrificar el cumplimiento de la Tercera Ley y concentrarse en lo abstracto, produciendo un discurso meramente intelectual y superficial.

Fernando Ávila, periodista y docente experto en el IDN, explica con más detalle el concepto del "Índice de nebulosidad" en su libro "Cómo se escribe", del Grupo Editorial Norma.