INTRODUCCIÓN A LAS 4 LEYES

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La oratoria eficaz es vital
Qué son Las 4 Leyes
Un sistema muy práctico
Te sujetan, no te encasillan
Cómo funcionan
Un mapa mental de requisitos
¿La oratoria no es para ti?"
Dale Carnegie derribó el tabú
Importa que hables eficazmente
Cuánto dura el curso
Por qué 4, no 3, 5 o 10
Lógica de su estructura
Tu equipo transmisor
Todo señala al oyente y al propósito
Mini Tabla de Autoevaluación
Memorizando el diagrama
Las 4 Leyes son prácticas
Incrementa tu velocidad de lectura
Por qué debes esforzarte
¿No tienes tiempo?

Ante todo, tenga en cuenta el lector que Las 4 Leyes de Técnicas Dinámicas Para Hablar en Público, Ganar Confianza y Relacionarse con los Demás trascendieron en 1979 la enseñanza tradicional de la oratoria. Algunos términos, enfoques y diagramas presentados a continuación podrian resultar perturbadores, incomprensibles o hasta ofensivos a quienes siempre han visto la oratoria a través de los cristales paradigmáticos de la tradición. Aquí el único paradigma que defendemos, si cupiera el término, es que la oratoria debe basarse en una lógica simple y que cualquiera puede beneficiarse y echarle mano poniéndole un poco de interés.

"El éxito significa lograr lo que uno se propone"

El éxito no es lo que los demás entienden por éxito, sino lo que tú entiendes por éxito. Cada persona tiene su propia escala de valores, y sobre esa base conceptúa el éxito. Lo que para unos significa éxito, para otros puede ser sinónimo de fracaso, y lo que para unos significa fracaso, para otros podría significar éxito. En un mundo ideal todos tendrían una escala de valores similar, de modo que tendrían un concepto parecido de lo que significa el éxito. Pero en el mundo en que vivimos, cada quién tiene su propia escala de valores morales. Hablando figuradamente, cada uno escribe su propio reglamento de tránsito.

Si cada persona se guía por un manual de tránsito con diferentes reglas y normas, seguramente provocarán accidentes a cada rato, porque cada quién conducirá su automóvil siguiendo diferentes conceptos. El resultado es un caos total. Pero si todos procuran unificar criterios y se sujetan a un solo código, el orden reemplaza al caos, y los objetivos se unifican y alcanzan más rápido. Algo similar se puede decir de la oratoria.

Por lo común, las personas desean mejorar su habilidad para comunicarse, porque saben que para conseguir las cosas que necesitan tienen que negociar de alguna manera, lo cual envuelve un contacto eficaz. Pero pocos están dispuestas a sujetarse a un reglamento que les sirva para dar en el blanco de la eficiencia cada vez que comuniquen una idea.

Bueno, ya diste el primer paso. El que estés leyendo este material muestra tu interés en hablar en público eficazmente. Es un gran día para ti porque estás leyendo con un excelente propósito: Pulir tu personalidad para desempeñarte con más eficacia cuando hables ante un auditorio.

Por eso, no midas el éxito por lo que otros te digan, sino por lo que tú entiendes que es correcto. Eso es lo que te servirá para unificar criterio con quienes te ofrecen las explicaciones más amplias. Poco a poco se abrirá un panorama nuevo para ti.

Las enseñanzas de Oratorianet.com no están basadas en un código de reglas, sino de principios. Una de las primeras cosas que debes tener en cuenta cuando estudias oratoria es que las reglas y los principios son dos cosas muy diferentes. De eso hablaremos más adelante con detalle.

Los principios son verdades elementales, mientras que las reglas son órdenes, decretos y/o prohibiciones basadas en dichos principios. Por ejemplo, para ilustrarlo, un principio cívico es que las calles de la ciudad se mantienen limpias no solo para que se vean bonitas y ordenadas, sino para que estén libres de suciedad, malos olores y contaminación. Pero ¿cómo lograr dicho objetivo? Estableciendo reglas y publicándolas. Por ejemplo: "Arroje la basura aquí", "No arroje papeles en la calle", "No escupir", "No pisar el césped", "Prohibido fumar en lugares públicos como este". Los principios (verdades fundamentales) y las reglas (órdenes y prohibiciones) cooperan juntas para el logro de los objetivos.

El problema con la política y la consecución de los objetivos es que directores y dirigidos nunca terminan de ponerse de acuerdo. Los primeros rara vez logran tener un cuadro completo de las necesidades y de los procedimientos más adecuados para satisfacerlas, y los segundos pronto se dividen en sectores opuestos entre sí, y nunca terminan de discutir. ¿Por qué? Porque nadie quiere dar su brazo a torcer y sujetarse a un solo conjunto de valores. Por eso, para iniciar tu éxito tienes que dar tu brazo a torcer, y, como buen estudiante, aceptar la implantación de Las 4 Leyes.

Como su nombre lo indica, un principio es la base, el origen, la verdad o razón fundamental sobre la cual se edifica todo lo demás. Y Las 4 Leyes recorren todos los principios de la oratoria, desde lo más simple hasta lo más complicado. Por eso en nuestro índice te ofrecemos tres maneras de iniciar tu investigación: Simple, suficiente y más que suficiente.

Esta introducción es para instructores de oratoria y todo aquel que quiera discernir más a fondo la teoría de Las 4 Leyes. Si quieres saltarla, haz clic en el botón "B", arriba. PERO te recomiendo enfáticamente que te des un tiempo para regresar después a esta página. Porque aquí hallarás razones y explicaciones valiosas respecto al método. Te servirán para entenderlo y aplicarlo mejor. Porque cuanto mejor entiendes la estructura de una teoría, más te beneficias de ella. ¡Y beneficias a tus oyentes! Cuanto más sabes, mejor entiendes.

"La práctica sin principios carece de sentido;
y la teoría sin principios resulta inútil."

Thomas O. Davenport 

LA ORATORIA EFICAZ ES VITAL

De la motivación, exponer en público, las relaciones humanas y las ventas nadie se ha librado hasta ahora. Por eso, te felicito sinceramente por interesarte en tu desarrollo personal respecto a estos puntos. La oratoria es vital para el desarrollo de tu personalidad y para cualquier éxito en el ámbito laboral.

A muchos les resulta un poco complicado matricularse en un curso de oratoria, y quisieran un asesoramiento más personal y privado. Bueno, diste en el clavo nuevamente. Por un lado aquí te muestro las bases de la oratoria fácil y eficaz, y por otro, profundizo con detalles que tal vez pasaste por alto muchas veces.

En la década del 80, Mr. John May, de la John May School Of Bussines Speaking, de Inglaterra, declaró lo siguiente en una entrevista para la reconocida revista International Management: 'Las palabras pronunciadas públicamente por un alto cargo corporativo tienen más trascendencia que su auditorio inmediato'.

Cuando expones tu imagen y todo lo que representas, causas efectos superficiales y profundos, a corto, mediano y largo plazo, en ti, en los tuyos y en todos los que te escuchan. LAS 4 LEYES DE TÉCNICAS DINÁMICAS PARA HABLAR EN PÚBLICO© te ayudan a producir esos excelentes resultados.

Hay métodos y métodos, dependiendo del maestro y sus explicaciones. Todos orientan al estudiante hacia el objetivo de hablar en público, nosotros lo hacemos en función de llegar a la mente y corazón del oyente, ya sea que hables en público o converses con alguien en cualquier lugar. Cualquiera puede hablar y hacerlo muy bien. Pero la clave no está en producir el habla, sino en llegar al corazón del oyente.

La oratoria no es para aplicarla cuando uno habla ante un gran auditorio solamente, sino en todo momento de la vida. Por eso Las 4 Leyes constituyen un conjunto de mandatos cuya finalidad es convertirse en un hábito.


¿QUÉ SON LAS 4 LEYES?

'Técnica' proviene de la expresión griega teknos, que significa arte, regla, manera, forma, método o procedimiento. En otras palabras, el paso-a-paso para causar un efecto.

'Dinámica' proviene de otra palabra griega, que significa fuerza o energía. Las 4 Leyes de Técnicas Dinámicas Para Hablar en Público© son 4 reglas fuertes, directas, claras y fundamentales diseñadas cuidadosamente para resonar en tu conciencia cada vez que quieres comunicar un mensaje. Si estudias a fondo y aplicas Las 4 Leyes sin falta llegarás a la mente y corazón de las personas y conseguirás todo lo que necesites en la vida.

Pero no te confundas. Las 4 Leyes no son fundamentales en el sentido de ser radicales en todo aspecto, sino de que llegan a la raíz de la oratoria con un procedimiento específico que no solo te permite entender la oratoria, sino prepararte adecuadamente para la acción.

Cuando aprendes Las 4 Leyes te conviertes en una persona metódica, es decir, que cultiva procesos o procedimientos para la oratoria, la motivación y las relaciones humanas. Ya no hablas por hablar, es decir, porque tienes boca, sino teniendo en cuenta el efecto que tendrán tus palabras.

Hablando figuradamente, a medida que descargues el software de Las 4 Leyes al disco duro de tu cerebro, comenzarás a vivir la aplicación práctica de la oratoria eficaz. Te ayudará a corregir el rumbo de tu comunicación y a incrementar tu eficacia en tu trato antes, durante y después de cada actividad. Las 4 Leyes es un código de ética práctico y muy fácil de aprender. Y si las usas para impartir instrucción a otros, puedes adaptarlas fácilmente a tu estilo docente.

Por ejemplo, el Diccionario de la Real Academia define la ORATORIA como "el arte de hablar con elocuencia y deleitar, persuadir y conmover por medio de la palabra". Las 4 Leyes te permiten eso y mucho más, porque te ayudan a producir una oratoria eficaz por reflejo condicionado.

Vendedores, relacionistas públicos, asistentes sociales, supervisores, gerentes, empresarios, chefs, directores, secretarias y líderes de toda clase pueden comunicarse más eficazmente aplicando Las 4 Leyes a su trato cotidiano. Un ejecutivo puede comunicar sus mensajes en menos tiempo y con más eficacia. Un médico puede usarlas para mejorar su relación con sus pacientes y compañeros de trabajo. Un abogado puede aplicarlas al exponer sus casos. Maestros, universitarios y escolares de todos los niveles pueden mejorar la presentación de sus asignaciones. También las amas de casa pueden tomar parte más significativa en sus actividades familiares y sociales. ¡La oratoria te sirve para todo! Pero te servirá mucho más eficientemente si la aplicas con Las 4 Leyes.


UN SISTEMA MUY PRÁCTICO

Como en cualquier cosa que decidas hacer en la vida, siempre la haces mejor simplificando los procedimientos a la mínima expresión. No solo porque te resulta más económico y funcional, sino porque te deja más tiempo libre para dedicarlo a cosas más importantes o interesantes.

La oratoria encuentra en Las 4 Leyes la máxima simplificación del procedimiento por medio de utilizar los principios y las cualidades básicas como punto de partida y llegada de los requisitos para dar en el clavo. Cada vez que escuches a un orador eficaz notarás que, a sabiendas o no, está cumpliendo Las 4 Leyes. Por eso su voz suena agradable al auditorio, y sus gestos y ademanes se ven naturales. Veamos ahora cómo funciona este sistema.

Es simple y a la vez complicado. Simple para quienes lo estudian a fondo y llegan a entenderlo. Pero complicado para quienes no lo estudian y solo quieren sacarle provecho siguiendo la ley del menor esfuerzo.

Se basa en actividades principales y secundarias. Las principales constituyen la estructura (que se basa en principios), y las secundarias (que se basan en cualidades), les sirven de apoyo. Tal como en el campo empresarial toda actividad requiere una tecnología, porque la manera como se lleve a cabo afectará los costos, en el campo de las relaciones humanas y la comunicación se requiere una técnica que también reduzca al mínimo los costos. ¿Costos? Sí. Tu reputación es un valor que puede aumentar muchísimo con un buen discurso. Y también es cierto que puede desvalorizarse con un mal discurso.

La práctica de la técnica de oratoria no solo aumentará tus probabilidades de éxito, sino lo más importante, incrementará el valor de tu capital humano, porque reforzará las competencias que requieres para hablar ante cualquier auditorio.

Robinson Aranda, administrador de empresas, chileno, que al mismo tiempo era un connotado árbitro de fútbol, asistió a uno de mis cursos a fines de la década del 70. Al cabo del cual, se presentó ante una compañía importante, a un concurso de administradores que solicitaban una vacante. Todos los aspirantes estaban muy capacitados y el contrato sería jugoso. Las competencias de todos eran excelentes y sus hojas de vida, muy interesantes. Resultó difícil decidir a quién contratar. Todos merecían el puesto.

Entonces, para dirimir el asunto, a uno de los gerentes se le ocurrió que todos salieran al frente espontáneamente, uno por uno, y hablaran ante el grupo. Y Robinson arrasó con todos. Varios días después me visitó para contarme lo ocurrido. Sonreía de oreja a oreja. Dijo que lo había logrado gracias a lo fácil que le resultó aplicar Las 4 Leyes. Tuvo la visión de añadir a tiempo nuestro método a sus demás competencias, y la puerta de la oportunidad se le abrió de par en par con su flamante puesto de administrador.

Lo que a ti también te interesa es conseguir satisfacciones similares a través del resultado de una oratoria cultivada. Pero para obtener dichos resultados tienes que seguir un proceso diseñado especialmente para lograr dicho resultado. Las 4 Leyes no son caóticas ni están dispuestas al azar. Están debidamente organizadas para que cada uno de sus elementos cause un efecto y cumpla la función específica de armonizar con los demás de modo que produzca una sinergia.

Ninguna de Las 4 Leyes ni ninguno de sus elementos producirán aisladamente el resultado que deseas. La satisfacción que buscas la obtendrás con la suma o fusión de las tareas que se indican en el método. Algunos de sus principios te exigirán que sigas un orden específico, otros lo dejarán a tu criterio. Pero todos cumplirán una función interconectada.

Las 4 Leyes no son un fin, sino un método o proceso diseñado para que todos sus pasos o elementos se alineen perfectamente hacia a un fin: Tu satisfacción a través del resultado de una oratoria cultivada. Es conocimiento de oratoria organizado con un plan u objetivo definido: Dar en el blanco con el discurso. Diremos que Las 4 Leyes se convierten en  factores reguladores de tu oratoria.


TE SUJETAN, NO TE ENCASILLAN


La mención de cuatro leyes pudiera despertar la idea de un encasillamiento, como si encerraran la palabra en una prisión, pero no es así, sino todo lo contrario. Las 4 Leyes son principios basados en una lógica natural, a partir de la cual puedes establecer todos los parámetros que desees para desarrollar y cultivar tu propio estilo con la máxima flexibilidad.

Hasta los pintores, pianistas, ingenieros y científicos renombrados reconocen la necesidad de obedecer ciertos principios para poder descollar en su campo. Si los pasan por alto, su trabajo se restringe. El dominio de los principios es lo que les da la libertad de hacer lo que quieran.

El conocimiento siempre pone a uno en ventaja. Por ejemplo, ¿por qué es tan difícil matar una mosca? Porque las moscas nos ven en cámara lenta. Cuando estamos a punto de darle, ya salió volando. Pero ayuda saber que las moscas siempre salen volando hacia adelante. Por tanto, asestaremos el golpe rápido y delante de ella, de modo que sin importar cuán rápido salga, se encuentre con el matamoscas. El conocimiento ayuda a uno a resolver cualquier problema en menos tiempo y con más eficacia.

La necesidad de establecer ciertas reglas, límites y jurisdicciones quedó demostrada con unas pruebas que cierto experto citó respecto de diferentes grupos de niños. Primero llevaron a cada grupo por separado a un campo abierto, tan grande que no se veían los límites de la propiedad. Preciosos pastos, árboles y animales daban al lugar un aspecto de película. Lo único que dijeron a los niños fue: "¡Vayan adondequieran! No se detengan. Corran y jueguen a sus anchas". Y los dejaron libres de ir por donde quisieran.

Su observación dio como resultado que los niños corrieron por todas partes pero se mantuvieron juntos y sin alejarse mucho del vehículo. Segundo, llevaron a los niños a otro lugar, esta vez un campo donde ellos podían ver, a la distancia, una cerca que indicaba los límites de la propiedad. Les dieron las mismas instrucciones y los dejaron libres de ir adonde quisieran. La observación dio como resultado que los niños corrieron por todas partes sin temer alejarse el uno del otro, de hecho, se alejaron tanto del vehículo que llegaron hasta los límites de la propiedad, luego regresaron, felices. Todos los grupos reaccionaban de manera parecida. Aunque parezca mentira, ver los límites impulsaron a los niños a ir más lejos, mientras que no ver los límites los mantuvo cerca del vehículo.

No estamos hablando de explorar el cosmos hacia los confines del universo. Pero hasta en la investigación espacial, todos sabemos que los científicos siempre se mostraron más aventureros y arriesgados en la medida en que sus conocimientos acerca de los principios y las leyes fundamentales que rigen el universo se hicieron más claros y exactos. ¡Cuanto más entendían dichas leyes, más confiados se sentían de ir más allá, y los gobiernos que los apoyaban se sentían igualmente más confiados de apoyarlos! De hecho, en su primer viaje, Colón le fue muy difícil conseguir un patrocinador para atravesar el Atlántico. Solo consiguió tres naves. Pero para el segundo viaje, le dieron nada menos que 17 carabelas perfectamente equipadas.

Son pruebas irrefutables de que el conocimiento de nuestras limitaciones no nos encasillan ni esclavizan, sino todo lo contrario. ¡Nos liberan e impulsan a dar más de nosotros mismos de lo que jamás hubiéramos imaginado! El conocimiento exacto de nuestros límites dice mucho de nuestra posibilidades, de nuestro potencial, de nuestras verdaderas capacidades. ¿No se ha dicho que el cielo es el límite? Pero, en serio, ¿cuántos han llegado al cielo? Sin límites claros, el ser humano promedio sigue prefiriendo vivir en la tierra.

Basta ver la película "Naufrago" para darse una idea de lo poco que disfrutó el protagonista de permanecer solo en una isla. En ningún caso dijo: "¡Ah! Al fin soy libre. No hay leyes ni oficinas de impuestos ni nadie que me fastidie la paciencia. Puedo ir adondequiera y hacer lo que quiera sin que nadie me ponga límites. Me las ingeniaré para establecerme aquí como soberano y único súbdito de mi gobierno". No, todo el tiempo procuró hallar la manera de regresar a su país, donde conocía bien sus límites. ¡Necesitamos leyes que nos impulsen a dar más y ser mejores personas! Sin leyes sobreviene el caos y el desorden, la desesperación y la falta de paz.

El famoso músico Daniel Barenboim, uno de los compositores e intérpretes más creativos y exitosos que el mundo ha conocido, explicaba la necesidad de entender los principios tras el uso de los instrumentos musicales, a fin de extraerles el máximo. No en vano estudió música y aprendió todos los parámetros existentes, añadiendo los suyos propios y abriendo el camino para más innovaciones.

Por eso, en la oratoria también. No es posible llevarla a un nivel elevado a menos que uno por lo menos conozca cómo funciona esto o aquello, con la finalidad de no descuidar ningún aspecto importante.

Si no informas con claridad ni substancia, no te respetarán ni querrán dedicarte tiempo. No te creerán ni te apoyarán. Si no impactas, no recordarán lo que dijiste y tu discurso se habrá ido al agua. Hablaste por gusto. Si no estableces un buen contacto ni los conmueves, te devolverán con la misma moneda: No se dejarán convencer ni persuadir. Si no los entretienes, se aburrirán y no querrán escucharte, Se retirarán de la sala (física o mentalmente). Pregúntate:

1. "¿Qué pasa si no informo con claridad y substancia?"
2. "¿Qué pasa si no impacto?"
3. "¿Qué pasa si no establezco un buen contacto con mis oyentes ni los conmuevo?"
4. "¿Qué pasa si no los entretengo?"

Respuesta lógica:

1. No te respetarán ni querrán dedicarte tiempo. No te creerán ni te apoyarán.
2. No recordarán lo que dijiste y tu discurso se habrá ido al agua. Hablaste por gusto.
3. Te devolverán con la misma moneda: No se dejarán convencer ni persuadir.
4. Se aburrirán. No querrán escucharte. Se retirarán de la sala (física o mentalmente).

De modo que no se trata de un encasillamiento en reglas caprichosas, sino de principios cuyo propósito es la recepción positiva de un auditorio. En otras palabras, si no aplicas Las 4 Leyes, no existe manera de que te presten atención, respeten tus palabras, recuerden lo que dijiste ni se convenzan ni cooperen. No es un capricho ni un código restrictivo basado en la moda o en una tradición local. ¡Es la esencia misma de la comunicación eficaz! En vez de encasillar tu palabra, le da soltura y máxima flexibilidad.



CÓMO FUNCIONAN

La repetición constante de Las 4 Leyes obliga a tu memoria a grabarlas indeleblemente y devolverlas a tu mente consciente en el momento que las necesites. Así te condicionas y sujetas a sus principios desenvolviéndote mejor. Aunque ignores todos los detalles, su sencillez contribuye a un desempeño cada vez más eficaz; y en la medida en que profundices el conocimiento, reforzarás su eficacia. Poco a poco comprobarás que Las 4 Leyes armonizan con la mayoría de las enseñanzas básicas de los grandes maestros del arte de hablar en público.

Sin embargo, cuando hablamos de memoria, no debemos verlo como un simple proceso cerebral. Nuestro cuerpo puede almacenar recuerdos de otras maneras. Por ejemplo, la ciencia de los transplantes de corazón ha llegado al punto de concluir que este increíble órgano también puede almacenar recuerdos que impulsan a los receptores a manifestar rasgos de la personalidad de los donantes. De modo que cuando relacionamos "mente" con "memoria" solo estamos focalizando el concepto para que sea fácil de tener en cuenta. No significa que el corazón no pueda memorizar muchas cosas. De hecho, el corazón es un músculo, y está probado que los músculos pueden memorizar ciertas acciones y convertirlas en reflejo condicionado. ¡Todo nuestro cuerpo es capaz de memorizar muchas cosas, como movimientos, gestos, malestares, sensaciones y experiencias.

Cuando navegas por el índice de Las 4 Leyes, encuentras tres niveles de explicación: Breve, completa y extensa. Puedes echar mano a la que más te acomode. Si tienes prisa y no quieres darle muchas vueltas, puedes optar por la explicación breve. Te lo diré todo en pocas palabras. Si quieres una explicación más amplia, puedes analizar la explicación extensa. Hallarás detalles en abundancia. Solo espero que la verdad, ya sea breve o explícita, no te resulte ofensiva.

El efecto de reflejo condicionado o intuición que logras memorizando Las 4 Leyes es comparable a lo que ocurre con una secretaria que mecanografía un documento. A pesar de que al comienzo de su carrera le cueste muchas horas memorizar los movimientos automáticos de sus dedos, después presiona las teclas con tanta facilidad que parece increíble que esté escribiendo tan rápido, ¡y sin mirar el teclado! ¡Hasta puede conversar de otros asuntos mientras copia mecánicamente una carta! Es increíble lo que puede hacer el cerebro cuando lo entrenas para realizar tareas concretas.

¿Nunca perdiste las llaves de tu casa y tuviste que llamar a un cerrajero? ¿Y no te quedaste a su lado, mirando con asombro cómo introducía un alambrito y comenzaba a moverlo de un modo interesante? Aunque él no podía ver el interior de la cerradura, su intuición le permitía percibir cómo, dónde, cuándo y cuánto presionar. Hasta que ¡clic! saltó la cerradura y abrió la puerta.

Sus reflejos estaban condicionados por la gran cantidad de veces que repitió el proceso con esa y cientos de cerraduras en su vida. No se trataba de una intuición basada en la casualidad ni en la adivinación, sino en una epignosis o conocimiento exacto de lo que había hecho infinidad de veces.

Siguiendo la misma lógica, si repites Las 4 Leyes constantemente, terminarás grabándolas en tu mente y corazón de modo que comiencen a funcionar intuitivamente para ti, beneficiándote con su orientación, en cualquier momento que las necesites. ¡Oratoria eficaz por intuición y reflejo condicionado!

Esa es mi meta al compartir contigo Las 4 Leyes, que hables por intuición, pero basándote en un conocimiento exacto de la oratoria eficaz. Solo tendrás que investigar un tema y adaptarlo.

¿Nunca perdiste las llaves de tu casa y tuviste que llamar a un cerrajero? ¿Y no te quedaste a su lado, mirando con asombro cómo introducía un alambre y comenzaba a moverlo de un modo tan especial? Aunque no podía ver el interior de la cerradura, su intuición le permitía percibir cómo, dónde, cuándo y cuánto presionar, hasta que ¡clic! saltó la cerradura y abrió la puerta. Sus reflejos estaban condicionados por la gran cantidad de veces que repitió el proceso con esa y cientos de cerraduras en su vida.

No se trataba de una intuición basada en la casualidad ni en la adivinación, sino en un conocimiento exacto de lo que había hecho antes... ¡infinidad de veces! De la misma manera, si repites Las 4 Leyes constantemente, terminas grabándolas en tu mente y corazón, de modo que comienzan a funcionar intuitivamente para ti, beneficiándote con su orientación en cualquier momento que las necesitas.

¡Oratoria eficaz por intuición y reflejo condicionado! Esa es mi meta al compartir contigo Las 4 Leyes, que hables por intuición, pero basándote en un conocimiento exacto de la oratoria eficaz. Solo tendrás que investigar un tema y adaptarlo.


UN MAPA MENTAL DE REQUISITOS

Las 4 Leyes están dispuestas de modo que puedes organizar un mapa mental muy eficaz de tu oratoria, al cual recurrirás cada vez que lo necesites. Será tan eficaz que todos tus conocimientos previos o tácitos que antes estaban desordenados por no seguir una lógica, se conectarán con las nuevas ramificaciones, reafirmando tus conocimientos, corrigiendo los conceptos que antes habías entendido mal, incrementando tu caudal. Por lo tanto, Las 4 Leyes son simplemente una manera eficaz de organizar todo lo relacionado con tu oratoria. ¡La epignosis de la oratoria!

Por ejemplo, se dice que para presentar un argumento sólido, lo correcto antes de hablar en público es investigar los asuntos y que la persona que expone debe comentar la información de modo que el auditorio la entienda con facilidad. Sobre todo, se sabe que es imposible impartir entendimiento sin usar ejemplos e ilustraciones. Y por último, sabemos que una presentación resultaría débil si el auditorio supiera que el orador es un hipócrita. Por eso, la Primera Ley comienza recordándote todas esas cosas con 5 frases sencillas, la primera de las cuales es: "Si no sabes, cállate". Suena tosco, pero es un conocimiento popular tácito, y tan simple que hasta los niños lo entienden perfectamente.

De ninguna manera significa callar sin motivo. No me malinterpretes. "Si no sabes, cállate" conforma un sistema de ramas de recuerdo de 6 requisitos: 



1. INTERESARTE EN TU TEMA
2. INVESTIGAR LOS ASUNTOS PARA SABER DE QUÉ ESTÁS HABLANDO
3. DARLE UNA INTERPRETACIÓN ADECUADA AL AUDITORIO
4. VIVIR EN ARMONÍA CON LA INFORMACIÓN, NO SER HIPÓCRITA
5. DAR VITALIDAD A TU PRESENTACIÓN MEDIANTE EJEMPLOS PRÁCTICOS E INTERESANTES
6. VISUALIZAR EL DISCURSO CON LA IMAGINACIÓN PARA HACERLE AJUSTES PERTINENTES


Si llenas esos requisitos, hablarás y no patinarás. La primera frase o rama de recuerdo de la Primera Ley ("Si no sabes, cállate") funciona como una voz en la conciencia que te insta a verificar si cumpliste con los 6 requisitos. Por ejemplo, pregúntate:

1. ¿SINCERAMENTE LE PUSE  INTERÉS AL TEMA?
2. ¿INVESTIGUÉ SUFICIENTEMENTE LOS ASUNTOS PARA TENER UN ENFOQUE REALISTA?
3. ¿HICE UNA INTERPRETACIÓN SENCILLA DE LA IDEA CENTRAL, UNA FÁCIL DE ENTENDER?
4. ¿VIVO EN ARMONÍA CON LA INFORMACIÓN, YA SEA POR ESTAR A FAVOR O EN CONTRA?
5. ¿SELECCIONÉ EJEMPLOS EFICACES QUE DIERAN VIDA A LA PRESENTACIÓN?
6. ¿VISUALICÉ VÍVIDAMENTE EL DISCURSO EN LA PANTALLA DE MI IMAGINACIÓN?


Así, cada una de Las 4 Leyes tiene un texto de corte infantil, es decir, fácil de recordar, respaldado por una explicación igualmente coherente y fácil de entender. Porque si recuerdas una ley, también recordarás, por asociación de ideas, sus principios. ¡Es como si llevaras un maestro en tu interior para susurrarte sutilmente todo lo que tienes que hacer para exponer con eficacia! Es una educación y disciplina respecto de aspectos específicos de tu conciencia.

Lógicamente, aprender una nueva habilidad no sería de ningún provecho verdadero a menos que el estudiante la convierta en un hábito. ¡Ese hábito es lo que hace poderosa la habilidad! Pero nada podrías convertir en hábito si no sabes por qué te conviene o cómo te beneficia. Por eso es tan importante pensar profundamente para ver la lógica tras cada principio y memorizar los enunciados de cada ley.

"¡Si no sabes, cállate!", es una frase muy fácil de recordar, ¿verdad? Pero como vimos arriba, tras el enunciado hay una explicación racional que debes analizar e interiorizar con convicción. Solo cuando hagas la tarea y cultives tus habilidades hasta el punto de convertirlas en un hábito, podrás decir que hiciste tuyas Las 4 Leyes para tu beneficio personal. Porque podemos transmitirte Las 4 Leyes, pero no interiorizarlas ni desarrollar el hábito de aplicarlas por ti. ¡Nadie puede suplantarte en eso! Nadie puede comer por ti, dormir por ti ni soñar por ti. Tienes que hacerlo personalmente. ¡Tienes que hacer la tarea!


¿LA ORATORIA NO ES PARA TI?

Si crees que no será fácil, mejor piensa en esto: La mayoría nace con los elementos naturales para expresarse con elocuencia, solo que unas personas los desarrollan y aprovechan más que otras. La habilidad para comunicarse eficazmente está al alcance de todo aquel que quiera decir algo. Es más, consabido es que hasta algunos escritores, publicistas, periodistas, profesionales de la salud y otros comunicadores de reconocida trayectoria dejan mucho que desear cuando hablan en público. Hay quienes piensan y escriben de maravilla, pero su manera de hablar carece de color y vida. Otros fuman o beben alcohol delante del auditorio. Otros hacen ademanes pobres y carentes de sentido. Otros cansan con una mirada apática, y otros con excesos de muletillas y manerismos, resbalando de palabra. Y aún otros juntan y soban las manos sin parar, durante toda su exposición.

Benjamín Disraeli (1804-1881), queriendo pasar a la posteridad hablando correctamente, lo hallaron en su lecho de muerte corrigiendo el discurso que acababa de pronunciar ante el Parlamento. Estaba consciente de que había cometido algunos errores. Por eso, aunque es bueno procurar el habla eficaz, no es realista creer que debas hablar perfectamente. Eso no sería ser realista. ¿Por qué? ¡Porque somos imperfectos! Esfuérzate. Pero no hasta el punto de perder el equiliibrio.

Cuentan que había una anciana profetiza que puso bridas a su lengua y la domó hasta el punto de alcanzar la perfección del habla. Pero terminó sus días aislándose en una cueva profunda porque ahora la incorrección de los demás le resultaba tan escandalosa e insoportable que no podía dormir. Y todas las mañanas, antes del canto de los pájaros, cuando el silencio era absoluto, los ignorantes se acercaban a hurtadillas para beber del néctar de sus murmuraciones.

DALE CARNEGIE DERRIBÓ EL TABÚ

En honor al mérito, Dale Carnegie (se pronuncia déil cárnegui) contribuyó sobresalientemente a derribar el tabú. Hasta comienzos del siglo veinte la creencia popular era que el arte de exponer en público era un don reservado para pocos. Solo algunos hombres y mujeres corajudos se atrevían a decir unas palabras ante un gran auditorio. De repente, este supervendedor, orador y escritor arremetió con fuerza como un bólido ardiente promoviendo sus famosos cursos de técnicas para exponer, y sus libros de texto se convirtieron rápidamente en éxitos de venta a nivel mundial: "Cómo hablar en público e influir en los hombres de negocios", "Cómo ganar amigos e influir en las personas", y "Cómo suprimir las preocupaciones y disfrutar de la vida", los 3 libros de texto del curso original que sus estudiantes tenían que estudiar de tapa a tapa para obtener un diploma.

Carnegie contribuyó notablemente a la adquisición del valor necesario para enfrentar a un auditorio poniendo al alcance de millones de personas las herramientas fundamentales para incrementar la habilidad de la oratoria, para que supieran que la mayoría podía lograrlo con un poco de esfuerzo. Recuerda que estoy hablando de comienzos del siglo veinte. Hoy en día, si alguien quiere mejorar su manera de exponer en público pero dispone de poco tiempo para estudiar un método, sabe que hay muchas maneras de hacerlo. En mi caso, aplico y recomiendo Las 4 Leyes por ser un recurso muy fácil para personas ocupadas o que buscan discreción y quieren ver buenos resultados en poco tiempo.

Saber si un orador nace o se hace, o conocer la historia de la oratoria, quiénes fueron los oradores más grandes del mundo, cuántas son las técnicas de relajación, cuántos tipos de oratoria o de ejercicios de 'impostación' vocal hay, son asuntos que pueden enriquecer mucho tu caudal intelectual, aunque, en mi opinión, sirven más para pasar un rato de investigación personal, o para poder responder preguntas de un examen teórico, o para jactarte de tu nivel cultural. Solo que, en mi opinión, pocos de esos conocimientos te ayudan de manera práctica a exponer eficazmente. Saber que uno de tus mejores amigos de la infancia sabía montar bicicleta, o que tu vecino ganó varios campeonatos de ciclismo, o que fue dueño de una tienda de bicicletas, no te ayuda a aprender a montar bicicleta, ¿verdad? Lo que necesitas es subirte, agarrar bien el timón, presionar los pedales y avanzar por la calle. ¡ese es el conocimiento que necesitas! Un conocimiento que implica todo tu cuerpo, mente y corazón.


IMPORTA QUE HABLES EFICAZMENTE

Como todo en la vida, una persona siempre se pone en ventaja cuando aprende algo nuevo. La aplicación de Las 4 Leyes te facilita la tarea de realizar exposiciones de impacto, y a través de estas, conseguir todas las demás cosas que necesitas, ya sea que te dediques al comercio, las relaciones públicas u otra cosa. Y aunque a primera vista te pudiera parecer abrumador, Las 4 Leyes te lo harán fácil. Solo debes quitar de tu mente la alucinación de que lo lograrás sin ningún esfuerzo de tu parte. Eso no sucede en el mundo real.

Cuando las personas alcanzan alguna medida de éxito, se percatan de que hubieran aprovechado mucho mejor sus oportunidades si hubiesen aprendido antes a motivarse y motivar a los demás, preparar y presentar discursos, ganar amigos y vender sus productos. Y se consuelan aconsejando a sus hijos o nietos, alentándolos a capacitarse en técnicas eficaces de comunicación para aprovechar mejor sus propios desafíos. Porque finalmente entienden, aunque muy tarde, que la oratoria eficaz siempre fue un factor clave del éxito.

De modo que si alguien te ha dicho que basta con ponerte de pie y hablar con entusiasmo y sinceridad, ¡cuidado! Sopesa sus palabras. Porque muchos se enfrentan a una amarga desilusión cuando les llega el turno de tomar la palabra y pasan por alto los principios que rigen la comunicación eficaz. Porque tal como una chispa puede incendiar un bosque, un desliz de la lengua o de las relaciones humanas puede acarrearte mucho ostracismo. La gente suele arrepentirse más por algo que dijo que por algo que no dijo.

CUÁNTO DURA UN CURSO

En caso tengas experiencia en oratoria y desees enseñar oratoria con el método de Las 4 Leyes, sugerimos 15 sesiones de dos horas cada una para un curso completo o un seminario de 5 sesiones de dos horas cada una, incluido el día de graduación. La estructura de este método es tan eficaz que no es necesario más para ayudar a participantes inteligentes a entender y aplicar cada técnica. Puedes extender la duración como un entrenamiento de más duración. Pero no es necesario que pase mucho tiempo para entender y aplicar los fundamentos del sistema.

Además, potenciarás las habilidades de todos si les ofreces un asesoramiento práctico permanente vía mail o teléfono para ayudarles a descollar cada vez que se pongan de pie ante un auditorio. ¡Sí, la ayuda que necesitas para iniciar un curso en tu localidad está aquí mismo y ahora!

Las 4 Leyes son eficaces porque, además de servir como un recordatorio de los principios de ética que se requieren para exponer en público, ganar confianza y entablar buenas relaciones con los demás, te sirven para evaluar más objetivamente tu propio desempeño y superar tu marca permanentemente.

Solo tienes que analizar cuidadosamente sus principios uno por uno y practicarlos, adecuarlos a tus circunstancias personales (y a las costumbres locales) y desarrollar el hábito de aplicarlos siempre. Con un poco de práctica y experiencia, te garantizo que llegarás a sentir, en el más corto plazo posible, el placer de expresarte con absoluta libertad y eficacia.

POR QUÉ 4 Y NO 3, 5 ó 10 LEYES

Algunos se erizan como gatos cuando me refiero a ello como leyes, órdenes o prohibiciones. Consideran que en el siglo 21 se debería evitar legislar o normar la conducta. Pero por otro lado, no pocos especialistas reconocen que la falta de dirección diestra y la falta de noción de que existen ciertos límites, como vimos en la prueba de los niños y los límites de propiedad, ha producido una generación totalmente incontrolada que ha ido por el mundo, sembrando y cosechando mucho dolor para sí mismos y para otros. Tanto los noticieros como los documentales que tratan de las relaciones familiares publican muchas escenas de descontrol, desde niños de corta edad que dan puñetazos y patadas de karate a sus padres y compañeros de estudios, o quizás les disparen con armas de fuego, hasta grandes invasiones armadas, secuestros masivos y guerras fratricidas que dejan boquiabiertos a psicólogos, sociólogos e historiadores.

¿Qué es mejor, ser firmes y claros con un niño para desviar su curiosidad de modo que deje de jugar con un tomacorriente eléctrico, o dejarlo sin guía y que lo haga, tal vez recibiendo una descarga que lo deje con los dedos torcidos por el resto de su vida? La respuesta es obvia. Las restricciones y órdenes comunicadas apropiadamente son valiosas para toda la familia y para toda la vida. Pero la falta de las mismas puede originar muchos problemas, a corto, mediano y/o largo plazo.

Eso de que "nadie tiene por qué imponerme reglas" es una falsedad genérica y un engreimiento. Pensemos en esto: ¿Acaso los cultores de los deportes de alto riesgo pasan por alto los principios y las leyes naturales? ¡De ninguna manera! Todo lo contrario. Reconocen que para elevar sus osadías y experimentos a límites insospechados y evitar morir en el intento les conviene familiarizarse con, respetar y usar ciertas leyes a su favor. ¿No les oíste decir alguna vez cosas como: "Si no uso casco, me rompería la cabeza", o "Si no usara los lentes apropiados, la nieve me cegaría", o "Si no uso ropa especial, no podría bucear tan hondo" o "Con cualquier bicicleta no podría hacer todo esto"? ¿Y nunca oíste la noticia acerca de cierto montañista novato al que se le congelaron los ojos o los dedos por quitarse los anteojos o los guantes protectores cuando la temperatura estaba muy por debajo de cero? ¡Todo tiene un límite! Bueno, en oratoria también. Por eso, Las 4 Leyes existen para señalarte algunos límites apropiados. Es solo para proteger tu reputación y que puedas descollar con tu oratoria.

No es exageración. Ken Blanchard, en el contexto de su libro Trabajo en Equipo, explica que para que los miembros de un equipo desarrollen el criterio que les permita tomar decisiones eficaces necesitan un sistema de creencias bien delimitado, y que, aunque después los límites se amplíen gradualmente en la medida en que demuestren sentido de responsabilidad y capacidad para hacer el trabajo, siempre tiene que mantenerse bien delimitado el sistema de creencias. Bueno, Las 4 Leyes es un sistema de creencias de comprobada eficacia que te permite hacer precisamente eso.

Por otro lado, aplicándolo a los jugadores de un equipo deportivo, el experto John Madden afirma que "un equipo no debería actuar nunca en un campo que no está bien delimitado. Los jugadores deben poder saber cuáles son los límites del campo". Y dicho sea de paso, fue Blanchard, mencionado antes, quien propuso el caso basado en los resultados de la investigación con los niños que llevaron a campo abierto para que jugaran por donde quisieran. Todos tendían a mantenerse juntos y a no alejarse del grupo, pero corrieron libres y exploraron el lugar hasta la frontera, divirtiéndose mucho, cuando se los trasladó a uno bien delimitado. Los límites que te señalan Las 4 Leyes te comunican esa clase de seguridad y confianza.

Es cierto que, como dice Kenneth Hildebrand, "la libertad es la oportunidad de tomar decisiones". Pero como vimos antes, uno no estaría verdaderamente habilitado para tomar decisiones eficaces si no conociera los límites que le imponen sus responsabilidades y derechos. Por tanto, aunque la libertad consista en la oportunidad de tomar decisiones, podemos añadir que ninguna eficiencia sería posible si no se toman las decisiones correctas.

No es que uno decida por decidir, sino de dar en el blanco de la eficacia. Un ejemplo de ello es que hasta los niños saben por intuición que deben recurrir a sus conocimientos tácitos para llegar a conclusiones que, en ocasiones, han salvado vidas. Un claro ejemplo de ello ocurrió en 2007. CNN mostró la noticia de una pequeña de solo 2 años de edad que llamó al 911, alertando a los paramédicos respecto a un serio desmayo que sufrió su madre.

La pequeña hizo la llamada tan pronto como vio que su madre se desplomó pesadamente. La operadora dijo que la niña solo repetía: "¡Momi, auch! ¡Momi, auch! ¡Momi, auch! ¡Momi, auch!". No hubiera procedido así sin el entrenamiento básico que la madre le había dado para esos casos. La niña estaba consciente de sus límites y, cuando ocurrió el incidente, procedió conforme a las instrucciones y al entrenamiento que le había dado su madre. Todo resultó porque su madre también había tomado la decisión correcta con la debida anticipación para entrenar a su hija.

Por eso, después de muchos años de práctica, experiencia y observación (1969-1979) llegué a conclusiones lógicas que me llevaron a formular una teoría. Luego confirmé que resultó ser tan sólida que podía aplicarse a una gran variedad de relaciones de causa/efecto. Capaz de rebatir racionalmente cualquier crítica, la denominé Las 4 Leyes.

Todo lo que leerás en este blog te confirmará, por donde mires, que una teoría sólida para la oratoria eficaz también debe quedar sujeta a ciertos límites, y Las 4 Leyes son valores que te servirán para tomar las decisiones correctas relacionadas tanto con la preparación de tus discursos como con la presentación, hasta para un comportamiento y desempeño eficaz en el campo de la motivación, las relaciones humanas y las ventas.

Más que verlas negativamente como factores restrictivos, es mejor verlas como un proceso diseñado para producir resultados específicos.Cuando un semáforo pone luz ámbar es solo para darte una advertencia. Cuando cambia a rojo, es por tu seguridad y protección. Y cuando cambia a verde, sabes que puedes seguir adelante y confiar en que todo saldrá bien. Solo un idiota se pasaría la luz roja creyendo que no pasará nada. Y tiene razón en parte. Tal vez no le pase nada, pero corre un riesgo enorme si ocurriera un accidente. ¿Vale la pena arriesgar la reputación de esa manera? Con una actitud tan poco responsable, tarde o temprano se estrellará contra algo, y en oratoria, eso es sinónimo de desastre, sobre todo si uno es un alto corporativo de una compañía.

Aclaremos lo siguiente: Hablar fuerte no es oratoria. Cualquiera puede gritar y fungir de maestro de ceremonias o cantante. Hablar cuatro horas sin parar tampoco es oratoria. Hay palabreros que hablan durante horas para ganar un concurso o fastidiar la paciencia. Hablar bonito tampoco es sinónimo de oratoria. Hay quienes hablan bonito, pero no dicen nada de utilidad práctica. Pronunciar correctamente tampoco es oratoria. Hay gente torpe que pronuncia muy bien. Hacer ademanes a cada rato tampoco es oratoria. Cualquiera puede mover las manos como un títere. Vestirse bien tampoco es oratoria. Tener entusiasmo tampoco es oratoria. Motivar no lo mismo que oratoria. Liderar a un grupo tampoco es oratoria. Ninguna de esas cosas aisladamente es sinónimo de oratoria. La oratoria eficaz se alcanza mediante la cooperación integrada de todos esos y otros elementos, tal como ser un gran escritor no convierte a uno automáticamente en un gran orador, ni ser un gran orador, en un gran escritor. Cada habilidad debe ser estudiada, imitada o aprendida de alguna manera.

Al igual que los miembros individuales de cualquier empresa eficiente, desde los directivos hasta el portero, todos reciben información específica que les ayude a entender cómo deben comprometerse y trabajar como un solo hombre a fin de crear valor para la clientela (y por ende para los accionistas), lo cual significa entender mutuamente cómo funcionan los demás departamentos y cómo se relacionan entre sí. Igualmente, Las 4 Leyes cooperan entre sí para producir como resultado un buen discurso.

Ninguna conferencia es un fin en sí misma. Aunque un discurso eficaz sea el producto de una oratoria eficaz, en realidad es solo un medio para alcanzar un fin: Dejar al oyente satisfecho de beneficiarse con la información, el impacto, las emociones y el entretenimiento producido por la presentación. Como lo expliqué en algún lugar de mi libro Sugerencias Para Aprender a Exponer en Público©: "El fin supremo de una persona que expone eficazmente es beneficiar al auditorio apelando a su nobleza e inteligencia mediante ejemplos e ilustraciones, y convencerlo y persuadirlo con razones, evidencias y promesas de que obtendrá un provecho específico". Si tus oyentes salen enriquecidos y beneficiados, cumpliste la misión de la oratoria dinámica.

Por eso considero que son cuatro leyes, porque después de muchos años poniéndolas a prueba no pude reducirlas a una expresión menor. Son, por decirlo así, el mínimo común múltiplo de la oratoria. Se convirtieron en leyes porque sin ellas no funciona bien. Es una estructura lógica, una escala de valores, un modo de pensar y un proceso, un campo bien delimitado dentro del cual puedes tomar todas las decisiones necesarias para hacer de tu oratoria un excelente medio de comunicación. Si te mantienes dentro de sus límites, te garantizo que darás un buen discurso siempre. ¡Te parecerá increíble haberle dado tan grande impulso a tu vida con un clic!

Además, el que sean cuatro facilita su memorización y recuerdo. Hay funciones de la memoria que trabajan más eficientemente con unos cuantos aspectos. Por supuesto que no decimos que solo memorizamos aquello que intencionalmente introducimos en nuestra mente con ese propósito, porque hay cosas que nuestro organismo va grabando automática e instintivamente sin que se lo ordenemos. Lo comprobamos posteriormente, cuando recordamos gustos, olores, sonidos, acciones, etc.

Las 4 Leyes son un mapa mental. Están compuestas por asuntos que han sido subdivididos y concatenados convenientemente para su fácil entendimiento y asimilación. Todas nuestras enseñanzas se subdividen en 2, 3, 4, 5 o 6 aspectos. Por ejemplo:

Con respecto a la estrategia del discursoINFORMAR, IMPACTAR, CONMOVER Y ENTRETENER
Con respecto a la voz del oradorVOLUMEN, VELOCIDAD, TONO Y PRONUNCIACIÓN
Con respecto al cuerpo o desempeño físico del oradorPRESENCIA, POSTURA Y ADEMANES
Con respecto al bosquejo del discursoINTRODUCCIÓN, DESARROLLO Y CONCLUSIÓN
Con respecto a la introducción del discursoSALUDO, ANTICIPO Y DETALLE
Con respecto al desarrollo lógico del discursoEN ORDEN DE IMPORTANCIA, DE PROBLEMA A SOLUCIÓN, CAUSA Y EFECTO
Con respecto a la conclusión del discursoRESUMEN, ACCIÓN Y BENEFICIO
Con respecto al volumen de la vozEJERCICIOS DE RESPIRACIÓN, RESONANCIA Y DECISIÓN
Con respecto a la velocidad de las palabrasEN PUNTOS PRINCIPALES Y EN PUNTOS SECUNDARIOS
Con respecto a las pausasEXPECTATIVA, ÉNFASIS Y REFLEXIÓN
Con respecto al tono de vozESTADOS DE ÁNIMO Y CANTO
Con respecto a la pronunciaciónFLEXIBILIDAD DE LA LENGUA Y DE LOS LABIOS Y LECTURA EN VOZ ALTA
Con respecto a la posturaEN PUNTOS PRINCIPALES Y EN PUNTOS SECUNDARIOS
Con respecto a los gestos y ademanesENFÁTICOS Y DESCRIPTIVOS


Uno de los principales retos y obstáculos para los maestros de oratoria es lograr que sus estudiantes tengan presente todo lo que deben hacer cuando hablan en público. Pero son tantas variables que recordarlas se vuelve muy difícil, aparte de engorroso y aburrido. Es casi imposible pensar en todos los detalles de las reglas de oratoria y al mismo tiempo recordar los detalles del tema que uno quiere presentar. Eso puede generar un estrés tremendo. ¡Hay que librar a la mente consciente de la necesidad de pensar en la oratoria, a fin de concentrarla en el tema y en el objetivo del discurso!

Por ejemplo, si quisiera extender la tabla de arriba, podría profundizar con más detalle:

Con respecto a la información del discursoINTERÉS, INVESTIGACIÓN, INTERPRETACIÓN, VISUALIZACIÓN, VITALIDAD Y VIVENCIA
Con respecto a impacto del discursoIMPRESIÓN, REPETICIÓN Y ASOCIACIÓN DE IDEAS
Con respecto a la motivación y los sentimientosAPRECIO, EMPATÍA, INTERÉS ALTRUISTA, GENEROSIDAD Y RESPETO
Con respecto a las preguntasDE SONDEO Y DE CIERRE


...y podría seguir espulgando cada variable de la variable hasta sus últimas consecuencias, extendiendo la lista hasta la mayor satisfacción.

Las 4 Leyes te ahorran el trabajo y te facilitan una mnemotecnia simple, porque están diseñadas para concatenarse, discernirse y asimilarse con la finalidad de convertirse en reflejo condicionado al momento de preparar o presentar el discurso. De esa manera deja de ser necesario tenerlas todas presentes de manera consciente, forzando el recuerdo, porque el cerebro y el cuerpo las han incorporado como parte integral de su desempeño. Las ve como un proceso tan automático como el de tragar los alimentos, rascarse la espalda o espantar una abeja.

Dicho al revés, el estudiante queda totalmente incapacitado para hablar mal en público, porque cada vez que lo haga, lo hará por lo menos aceptablemente, porque todos sus sistemas han sido orientados hacia la eficiencia por reflejo condicionado, no por actos mecánicos de la voluntad.

En otras palabras, ya no piensa en función de "hacer ademanes", como hace la mayoría de los principiantes, sino de autoinducirte emociones y sensaciones que sean lo suficientemente vigorosas como para provocar a tu sistema nervioso para que se encargue automáticamente de realizar los movivimientos enfáticos y descriptivos de tu cuerpo. Ya no haces ademanes, sino que surgen eficazmente por sí mismos.

LÓGICA DE SU ESTRUCTURA

En oratoria, como en cualquier disciplina, hay principios y reglas que las personas quieren saber para mejorar su desempeño. Lógicamente, cada maestro desarrolla una técnica para su aplicación e instrucción. De hecho, mis primeros pasos en oratoria los hice con el método de H. y A. Krell cuando tomé el curso ILVEM a principios de los años 70. Más tarde tomé el curso de oratoria del Instituto Nueva Acrópolis, y luego cobré un impulso extraordinario con un curso de locución a cargo de un connotado locutor. Y estudié acuciosamente los libros de texto y el manual del curso de Dale Carnegie.

También debo mencionar con alabanzas justificadas a Nicanor Lafuerza, orador y autor chileno que escribió El Arte De Hablar En Público, el cual me sirvió para complementar el desarrollo y diseño de mi teoría de Las 4 Leyes, teoría que se convirtió para mí en una estructura lógica y un marco general de las tareas y actividades específicas que llegué a realizar al presentar discursos. ¿Cómo se desarrolló mi teoría?

Al cabo de muchos años de leer y exponer en público, cierto día preparé una larga lista de instrucciones de cuanto concepto había recogido sobre el particular y llegué a la esencia descartando lo accesorio. Es decir, reduje cada sección hasta llegar a un punto muerto, descubriendo que, aunque los diferentes autores discrepaban en ciertos aspectos, absolutamente todos coincidían en ciertos hechos básicos. Me concentré en dichos aspectos. Para todos aquellos maestros la cosa más importante para convencer tenía que ver con la presentación de información clara, convincente y substanciosa; y para persuadir, lo más difícil consistía en tocar las fibras emocionales y las sensaciones del oyente individual.

Con eso como base, separé lo principal de lo accesorio, poniendo a la derecha todo lo relacionado con la información (INF), y a la izquierda todo lo relacionado con la emoción (EMO). Luego de lo relacionado con la información, puse a la derecha todo lo relacionado con los conocimientos (CON), y a la izquierda todo lo relacionado con la memoria (MEM). Y finalmente, de lo que se relacionaba con las emociones, puse a la derecha todo lo relacionado con las relaciones humanas (RR.HH), y a la izquierda todo lo relacionado con el entretenimiento (ENT). Formó un conjunto de rasgos inamovibles, principales o indispensables de la oratoria:

Quedaron a un lado los aspectos puramente físicos o materiales, es decir, la imagen (IMA) y el sonido (SON), y a la derecha todo lo relacionado con el sonido, es decir, la voz, y a la izquierda todo lo relacionado con la imagen, es decir, el cuerpo (CUER). Esto constituyó los rasgos periféricos o modificables de la oratoria, es decir, lo que daba forma al estilo de cada orador, me refiero a su imagen (cuerpo) y al sonido que emitía (voz):
Y como si se tratara de un sedimento que se desprendía naturalmente, quedó sobre la mesa la idea, que para organizarla y presentarla era lógico desarrollar un argumento (DES), el
cuerpo del discurso. Eso también significaba comenzar y terminar, es decir, dos apoyos, uno a cada extremo del discurso: La introducción (INT) y la conclusión (CON), que coincidentemente son los puntos de mayor tensión. Como una hamaca o mecedora entre dos palmeras.

Por eso, el orden de las partes de un discurso tienen el mismo esquema básico, y cualquier subdivisión queda subordinada a las secciones troncales, que siempre serán:
Introducción, desarrollo y conclusión.

Así discerní que algunos autores confundían los principios con las reglas y las técnicas, y viceversa, presentando, a veces, las reglas o técnicas como si se tratara de principios, y los principios como si fueran reglas, como si el orden de los factores no tuviera relevancia. Al formular sus teorías no parecían advertir ninguna diferencia significativa entre los aspectos principales (indispensables) y los periféricos (dispensables) de la oratoria.

Algunos creían que "ser emotivos" y hacer aspavientos era todo lo que importaba, como si la pasión y el sentimentalismo fuese todo lo que implicaba. Otros suponían que el fin de la oratoria era convencer. Pero olvidaban que también era útil para declamar y entretener. Y aún otros pensaban que la docencia era la única meta de la oratoria. Lo cierto era que todo contaba. Pero lo falso era que la emotividad fuese lo más importante. ¡La información era lo más importante! Además, para mover a acción no bastaba con convencer. ¡También era necesario persuadir!

En todo orden de cosas, nada puede hacerse eficazmente sin conocimiento. Pero el conocimiento en sí mismo no lograría nada si no tuviéramos los medios para aplicarlo, desarrollarlo, compartirlo y disfrutarlo. La ignorancia y la falta de medios resulta en un retraso, pero el conocimiento y los recursos resultan en progreso. Es correcto adquirir información, discernirla y aplicarla, pero también se requieren los medios. Vale decir que el conocimiento es lo más importante pero con el apoyo de los medios o recursos. En el caso que nos interesa ahora, la oratoria, diríamos que esos recursos se asientan en -o emanan de- la motivación en casi todas sus formas.

Dicho de otro modo, discerní que la clave de todo el asunto consistía en entender a fondo la estructura que conformaban tanto los principios como las reglas combinando sus elementos de manera armónica de modo que formaran lo que en gestión empresarial sería para C.K. Prahalad una lógica general predominante, es decir, una estructura lógica que permitiera gestionar la oratoria de modo que produjera un buen resultado la mayoría de las veces. Conocimiento (información y mnemotecnia) y recursos (motivación y entretenimiento), basados en principios (verdades fundamentales) y reglas (tecnicas, procedimientos, métodos).

Ahora la realidad me mostró que sí había diferencias notables. Por eso organicé todo, formulé los enunciados y lo denominé "Las 4 Leyes de Técnicas Dinámicas Para Hablar en Público, Ganar Confianza y Relacionarse con los Demás": Dos leyes para llegar a la mente y dos leyes para llegar al corazón, y las apliqué a mi satisfacción durante muchos años. Unos diez años después, en 1988, Editorial Studium publicó mi libro (del mismo título). Desde entonces, Las 4 Leyes NUNCA ME HAN FALLADO.

Por lo tanto, la Primera Ley es la más importante (la Segunda Ley le sirve de apoyo), y La Tercera Ley es la más difícil de cumplir (Cuarta Ley le sirve de apoyo). Así de simple.

En resumen, dirigí a la mente del oyente todo lo relacionado con el aspecto lógico del discurso (información y mnemotecnia), y al corazón, todo lo relacionado con el aspecto emocional (los pensamientos más íntimos, la motivación, las actitudes y todo lo que refiere al entretenimiento sano), y así cada ley llegó a estar conformada por un compuesto balanceado de principios, reglas y tips o sugerencias.

Lo que dices

La Primera Ley tiene que ver con la información y el contenido del discurso, el conocimiento.

La Segunda Ley le sirve de apoyo mediante el impacto y la memorización de las ideas.

En lo que respecta a la Primera Ley, el contacto debe ser de de mente-a-mente. La Primera Ley es fría y se concentra en el contenido informativo, intelectual, calculado y técnico. Es el terreno de las definiciones, los significados, argumentos, estadísticas, pruebas y evidencias (LO QUE DICES).

Los oradores que solo le hablan al auditorio, concentrándose en el aspecto informativo, generalmente se esfuerzan por presentar argumentos lógicos y convincentes. Pero no descubren por qué rara vez despiertan una cooperación más voluntaria. 

Si conoces el lenguaje del Análisis Transaccional, correspondería al ADULTO en todas sus facetas (Teknos, Pathos y Ethos).

Cómo lo dices

La Tercera Ley tiene que ver con el contacto, las relaciones humanas y la motivación. 
La Cuarta Ley le sirve de apoyo con detalles útiles para entretener o impedir el aburrimiento. 
En lo que respecta a la Tercera Ley, debe aplicarse de corazón a corazón. Es cálida y atrayente, genera un clima de confort y se concentra en la carga emocional y sentimental, en los sentidos, en la amabilidad, la consideración y la comprensión (LA MANERA DE DECIRLO). 
Los oradores que solo se concentran en el aspecto emotivo se esfuerzan por conmover, pero no razonan con el auditorio. 
La meta de la Tercera Ley es conmover para persuadir.  
En el lenguaje del Análisis Transaccional, correspondería al PADRE y al NIÑO en sus facetas positivas y de valor práctico para el desarrollo personal.

Una combinación que crea sinergia
El secreto de una oratoria eficaz radica, precisamente, en combinar las leyes a fin de lograr los objetivos armónicos de convencer y persuadir (aunque la persuasión en sí misma no sea siempre el objetivo).
Por ejemplo, presentando una prueba sólida, pero teniendo en cuenta los sentimientos del auditorio, es decir, cómo lo tomará. Un orador eficaz no solo procurará sintonizar con las mentes de sus oyentes, para que estén de acuerdo con lo que dice, sino con sus corazones, para que se sientan conmovidos y actúen.

En otras palabras, tienes que lograr que acepten los argumentos con el corazón, pero con la aprobación consciente del intelecto. Mover a acción a un auditorio sin razonar con él ni presentarle pruebas claras que sustenten el argumento pudiera rayar en una burda manipulación emocional. Tarde o temprano se darán cuenta y habrá terminado tu carrera como orador. La Historia está repleta de biografías de personalidades emotivas que hicieron eso, que al principio parecían conformarse al modelo del líder ideal. Gritaban, vociferaban, hacían ademanes impresionantes y gesticulaban como fieras, pero a la larga llevaron al despeñadero a sus seguidores. En cambio, un orador responsable tiene en cuenta el intelecto, no solo las emociones, aumentando sus probabilidades de dejar un legado honorable.

Veamos un esquema de lo dicho:

EL SECRETO RADICA EN LLEGAR TANTO A LA MENTE COMO AL CORAZÓN
MENTE
(todo lo relacionado con el aspecto lógico)
CORAZÓN
(todo lo relacionado con el aspecto emocional)

Ten en cuenta que tu cuerpo es en realidad un transmisor/receptor audiovisual cuyas cualidades te sirven para informar, emocionar, decidirte, actuar, ubicarte y trasladarte, y que la mente del auditorio siempre tiene hambre de conocimientos, y con un corazón siempre sediento de emociones. Así de simple. ¡Somos máquinas biológicas transformadoras de energía!

Las 4 Leyes informan y emocionan
con impactos a la mente y corazón
mediante imágenes y sonidos.

¡Las 4 Leyes son la clave del arte de exponer y relacionarte con las personas! En otras palabras, informar y grabar las ideas en la mente para emocionar y entretener mediante la imagen y el sonido. Combinando eficaz y ordenadamente sus principios y reglas crearás para ti un perfil de orador que podrás adaptar o modificar de acuerdo a tu carácter y personalidad, a tus intereses particulares o a tus circunstancias personales.

En la mayoría de casos en que nos referimos a 'la mente' debes entender "razonamientos e ideas", es decir, a las piezas de información que se van archivando y armando en la memoria como un rompecabezas que nunca se acaba, algo así como el universo, eternamente expansiva. Este el aspecto más importante de un discurso. Nos referimos a los significados, las enseñanzas, los códigos, fórmulas, cuadros estadísticos, teorías, preguntas y respuestas. Las ideas salen de tu cerebro mental (output) y, mediante tus palabras y gestos, salvan el espacio que te separan de tu interlocutor, entrando en su cerebro mental vía su centro receptor (input), añadiendo los conceptos, rectificándolos, fortaleciéndolos, debilitándolos o anulándolos.

Y en la mayoría de casos en que nos refiramos al 'corazón' debes entender las "emociones y sensaciones", que son respuestas y reacciones al estímulo, el elemento más difícil de un discurso. Por ejemplo, los afectos y el desprecio, la confianza y la desconfianza, el desprendimiento y el egoísmo, el orgullo y la terquedad, el prejuicio y la calumnia, todas son emociones que manan del corazón o cerebro emocional salvando el espacio que te separa de tu interlocutor mediante tu manera de comunicarte, es decir, de la selección de las palabras, el tono de voz, la manera de arreglarte, tus gestos, postura y ademanes. Entran en el corazón o cerebro emocional del oyente añadiendo sentimientos, fortaleciéndolos, rectificándolos o neutralizándolos.

Cuando pienses en tu auditorio, hazlo siempre en función de 'mente y corazón' como un todo, como si el auditorio fuera un receptor de razonamientos y emociones. Es decir, entrelazando las ideas con las emociones y sensaciones. Procura sintonizar con empatía en esos niveles. En otras palabras, ten en cuenta que tus oyentes tomarán una decisión respecto a lo que dijiste, y que para hacerlo tendrán que pensar y sentir cierta emoción. A veces triunfará la razón, otras, la emoción, dependiendo de lo que más les interese o a quién quieran agradar (P. ej. la presión social -o presión de grupo- es un factor externo que afecta poderosamente las decisiones).
Cuanto mejor aprendas a reconocer las señales de la comunicación eficaz, más rápidamente lograrás el doble objetivo de convencer y persuadir, o sea, llegar a la mente y corazón.


TU EQUIPO TRANSMISOR

Cuando te diriges al auditorio, tu cuerpo se convierte, como si fuera, en un potente transmisor ubicado en una posición ventajosa cuyas antenas apuntan hacia las antenas receptoras de tus oyentes y hacia todos lados. La computadora de tu cerebro difunde y recibe conocimientos y emociones hacia-y-desde el auditorio. Es una vía doble de comunicación: Transmisor/receptor y Receptor/transmisor.

Reconociendo que tú fuiste quien programó tu 'computadora' y transmitiste el mensaje, tus oyentes te responsabilizan por hablar eficaz o ineficazmente, o por motivarlos o desmotivarlos, e implícitamente califican tu desempeño en la medida en que se dejan estimular por ti o rechazan tu estímulo. El temor a dicha calificación es lo que suele poner nerviosas a las personas, ya que la idiosincrasia común está fuertemente influida por el sistema dicotómico de aprobación/desaprobación de los demás.

¿Por qué y para qué los medios de comunicación suelen sacar partido de los debates? Estamos en el siglo 21 y no ignoramos que corren los millones y que, por tanto, la razón primaria y el motivo no es facilitar a todos la toma de una decisión, sino incrementar las ventas, empezando por los productos auspiciadores. Por eso, por lo general, la balanza de la decisión no se inclina según el peso de los argumentos ni de una exposición clara de la verdad, sino por la carga de las emociones y sensaciones que se despiertan. A medida que avanza, todos se excitan más y más, no por las ideas, sino por la manera como los oradores las exponen. Y debido a que los sentimientos ejercen una poderosa influencia en tu desarrollo, la aplicación de Las 4 Leyes te ayuda a causar el efecto positivo de inclinar a tu favor la balanza de la aprobación.

Por otro lado, tu transmisor tiene un canal de audio (voz) y otro visual (gestos y ademanes).

Mediante la palabra, la herramienta más maravillosa del universo, decodificas las ideas que están en tu mente diciéndoles a los demás lo que estás pensando. Tu voz y cuerpo (gestos y ademanes) crean, escriben, dibujan y colorean escenas en la pantalla de la imaginación del público. Con palabras y/o señas, el mensaje sale de tu mente, salva la distancia por el aire y viaja hacia los ojos y oídos de tus oyentes, quienes, valiéndose de sus cerebros, lo decodifican, entendiendo -cada uno a su manera- lo que dijiste.

Esa expresión: 'Entender cada uno a su manera lo que dijiste' es muy significativa. Cada uno de tus oyentes captará tus palabras según como vayan pasando por el filtro de sus vivencias, sus circunstancias, sus debilidades y fortalezas, sus creencias, sus temores, sus ambiciones, su cultura general, su idiosincrasia, sus prejuicios, sus deseos, etc. Por eso los oradores más experimentados asignan un gran valor a cualidades perceptivas como la empatía, la comprensión, la sintonía, la armonía, el equilibrio, la sensatez, la conciliación y el respeto.

El sonido, la imagen y tus apuntes personales se convierten en poderosos instrumentos para lograr el objetivo de llegar a la mente y corazón del oyente. Son tan necesarios que se relacionan con al menos doce cualidades indispensables para una oratoria eficiente: 1) Volumen o intensidad de la voz, 2) presencia y arreglo personal, 3) la introducción del discurso, 4) la velocidad de tus expresiones 5) uso de las pausas, 6) postura y ubicación de tu cuerpo en el auditorio, 7) tu esquema de ideas, 8) tono de voz y modulación, 9) ademanes y gestos, 10) la manera de dar por concluido el mensaje, y 11) la pronunciación y 12) uso del idioma.


TODO DEBE DIRIGIRSE AL OYENTE CON BASE EN EL PROPÓSITO DEL DISCURSO

Todo debe dirigirse al oyente. Tu objetivo es el oyente. El propósito de tu discurso es llegar a su mente y corazón. Por eso, ten en cuenta que debes controlar cómo decides usar el sonido, la imagen y tus apuntes. Tu volumen, modulación, dicción, ademanes y cualquier otra cualidad de tu cuerpo debe quedar supeditada a los principios y enfocados al oyente y al propósito del discurso.

Lo mejor de Las 4 Leyes no es el orden en que están dispuestos los principios, las reglas y las sugerencias, sino que sus enunciados pueden ser memorizados y evocados con facilidad por reflejo condicionado en cualquier momento durante la preparación, y lo que es más importante, durante la presentación del discurso. ¡Eso es lo que las hace fantásticas! Es como subir a la plataforma de los oradores con un maestro al lado que te recuerde, paso a paso, cómo debes proceder. Esto se conoce como la metaoratoria o metacognición de la oratoria. Eso significa desarrollar la capacidad para autorregular o controlar por uno mismo, mediante el conocimiento de todas las variables, lo que se debe hacer o evitar a fin de lograr una oratoria eficaz, una que realmente llegue a la mente y al corazón del oyente.

Con ese fin, esta sección tiene el propósito de mostrarte la Tabla de Autoevaluación Progresiva, que contiene la estructura de Las 4 Leyes, sus enunciados y el orden lógico que cada una de las cualidades y recursos ocupa en dicha estructura y que entran en juego en el proceso de comunicarte con los demás, especialmente cuando quieres preparar y presentar un discurso ante un auditorio. Es un plano mental o diagrama. Ha sido diseñado para facilitarte la memorización de Las 4 Leyes, y por tanto, para automonitorear tu progreso subjetivamente, o como diría Ken Blanchard en su libro Trabajar en Equipo, para hacer una 'monitorización autocorrectora [de tu] comportamiento'.




Haz clic en los datos de la tabla de arriba para darle un vistazo a la manera como está organizado este conocimiento. Nada más ten presente que en oratoria toda autoevaluación es subjetiva.

Si logras entender la lógica que hay tras el recuadro de arriba y lo memorizas asimilando su contenido, incluso usando tu propia creatividad, habrás incorporado un fantástico software de oratoria a tu cerebro. Las 4 Leyes te servirán en todo momento.

En sentido figurado, se trata de la Ley 11463, la 20701, la 32352 y la 40000. Cada número representa una cualidad o factor. Pero para extraerle todo el beneficio posible, tienes que analizar minuciosamente la tabla, cuestionarla, investigarla, ensayarla y reflexionar en ella hasta hacerla parte integral de tu sistema personal de comunicación. De nada te sirve saber que otros la entiendan. Tienes que experimentarlo personalmente.

Si te esmeras por ver la relación que existe entre sus componentes y logras ponerlos en práctica conscientemente, se convertirá en un hábito y nunca volverás a necesitar un curso de oratoria. Porque mediante el uso y la costumbre todo se convertirá en un reflejo condicionado, es decir, tenderás naturalmente hacia la eficacia en lo que toca al arte de enseñar y hablar en público. Ningún auditorio te volverá a intimidar al grado de no saber qué hacer ni qué decir, porque te habrás preparado a conciencia con Las 4 Leyes.

Imagina que una persona compra un manual de dietas y ejercicios para bajar de peso. Va a su casa y lo lee todo de tapa a tapa durante toda la noche. ¿Cuántos kilos habrá bajado? ¡Ni uno! Para bajar de peso tiene que transformar la información en actitudes y acciones concretas que representen sus verdaderos deseos de bajar de peso. Igual es este asunto. La simple lectura y comprensión de la tabla no te hará mejor ni peor en oratoria. Solo mejorarás cuando la pongas en práctica, lo cual significa, como se dijo, que tienes que analizarla, cuestionarla, investigarla, ensayarla y reflexionar en ella hasta que se convierta en un patrón de conducta, de tu sistema personal de comunicación.

Un espejo de tu desempeño

La Tabla de Autoevaluación Progresiva no es para poner calificaciones o notas, sino solo para procurar un enfoque objetivo de la manera como piensas que te desempeñas cuando hablas en público. Es como un espejo de tu eficiencia. Tal como te miras en un espejo para ver si te peinaste adecuadamente, te miras en la Tabla y comparas tu comportamiento con los requisitos de la Tabla. Y en caso de que quisieras usarla para ponerte una calificación, asigna un 10 por cada CR y un 5 por cada CF y AM. ¿Y la duración del discurso? Al final, súmale 10 al total si te mantuviste dentro del límite de tiempo asignado.

Los beneficios convierten una norma pesada en amigable

Una regla o norma es pesada o gravosa en la medida en que no entendemos cómo nos beneficia personalmente a corto, mediano y largo plazo. Pero cuando entendemos que estamos directamente involucrados en las extraordinarias consecuencias que nos resultarán por cada acción que llevemos a cabo en sujeción a ella, ya no la vemos como una enemiga, sino como una amiga, y nos convertimos en sus principales promotores. Ya no la vemos como una ley fría, sino como un recurso sabio para obtener los incentivos que deseamos en la forma de caricias emocionales o justo reconocimiento por nuestro desempeño. Entonces nos sentimos vivos y que no solo somos parte integrante de la comunidad, sino elementos útiles que contribuyen a su desarrollo y superación.

Cuando profundices y comprendas que Las 4 Leyes solamente son reclamos de la naturaleza, como cualquier otro reclamo natural, es decir, como comer, beber, descansar o trabajar, te resultará más fácil obedecerlas. No será como cuando una persona necesita que otra la supervise para verificar si está haciendo bien las cosas. Porque se convertirán para ti en un medio eficaz de producir en tu interior el placer de tomar la palabra en cualquier momento. En realidad, hablar en público nunca debió parecerte un comportamiento antinatural. Las 4 Leyes no solo sintonizan con tu naturaleza humana, sino te autorizan a ser feliz, a disfrutar de las satisfacciones que otros han logrado mediante el desarrollo de sus cualidades para la oratoria.

En la lucha diaria de las personas por buscar la aprobación de los demás, terminan emocionalmente exhaustas, cargadas de ansiedad. Y un campo en el que la gente necesita la aprobación de otros es en la oratoria porque nadie se deleita en la incompetencia. Y no es fácil sentirse bien cuando uno sabe que todos los que le escucharán al día siguiente no esperarán nada menos que eficiencia de su parte. Sin embargo, tienes que modificar un poco esa postura mental. No es cuestión de esperar que los demás aprueben lo que dices, sino de causarles un impacto favorable que incline la balanza de su aprobación naturalmente.

En otras palabras, es una cuestión de enfoque. No se trata de que los demás te motiven, sino de que tú les brindes los incentivos necesarios para que te den su motivación. ¡Tú causas la aprobación! Por eso es tan importante que entiendas cómo funcionan Las 4 Leyes y dejes que los frutos de tu esfuerzo caigan por su propio peso.


MEMORIZANDO EL DIAGRAMA COMPLETO




¿Es necesario memorizar el esquema? ¡De ninguna manera! Pero si quieres hacerlo, es opcional. Los diagramas son elementos eficaces para la memorización y asimilación de las enseñanzas. Por ejemplo, en el campo químico, las fórmulas químicas están dispuestas en forma de esquemas y árboles de esquemas, lo que facilita a los químicos mantener un enfoque dinámico. Igualmente, los pentagramas musicales no son otra cosa que diagramas dinámicos, fáciles de visualizar, para escribir e interpretar música. Cuando se trata de memorizar, nada es mejor que un esquema.

Por eso, si te resulta difícil entender y asimilar toda la Mini Tabla, por lo menos concéntrate en la aplicación de los 4 principios básicos (4CR). Poco a poco asimilarás el resto. Hay muchas cosas en la vida que pueden hacerse eficazmente sin tener todos los conocimientos envueltos en el acto. Por ejemplo, para montar bicicleta basta con subir, pedalear y mantener el equilibrio, ¿verdad? No necesitas estudiar el funcionamiento de las leyes físicas que intervienen en el equilibrio, ni saber de mecánica para discernir cómo funcionan las ruedas Los conocimientos tácitos o empíricos se dan por sentado, pero especializados se obtienen gracias al estudio y la dedicación. No dudes que Lance Armstrong, el famoso campeón de ciclismo, empezó a montar bicicleta como cualquier mortal, pero después, poco a poco, a medida que le apasionaba su nueva afición, fue incorporando a su mente los sofisticados conocimientos de física y mecánica que le permitirían convertirse en un profesional y descollar en su desempeño.

Todos obtenemos enfoques rudimentarios y edificamos nuestra experiencia a partir de una lógica simple (conocimiento tácito); y/o estudiamos los detalles y profundizamos para sacar más provecho (conocimiento específico). De cada uno depende la profundidad de su desarrollo y competencia en oratoria.

Por ejemplo, la primera norma es: "¡Si no sabes, cállate!" (CR1), una regla fuerte y fácil de entender. Significa que solo hablarás de lo que sabes, y que si rebasas el límite de tus conocimientos, lo harás solo para preguntar o especular. Si aplicas la norma, darás en el clavo más a menudo. Aunque por supuesto tendrás un éxito más grande si profundizas y estudias el cómo y por qué de sus componentes y fracciones (interés, investigación, interpretación, vivencia, visualización, vitalidad, volumen, pronunciación, postura y organización de las ideas), porque captarás mejor la atención del auditorio, te enderán más rápido y estarán más dispuestos a darte su apoyo.



LAS 4 LEYES SON PRÁCTICAS

Puedes exponer en público y entablar relaciones humanas más eficaces usando los breves conceptos de Las 4 Leyes de Técnicas Dinámicas Para Hablar en Público©. Puedes estudiarlas en cualquier orden y desde diferentes ángulos, como compartimientos estancos, y aún así lograr excelentes resultados. Espero que todo este material satisfaga tu necesidad de potenciar tu habilidad natural para la comunicación eficaz.

Por otro lado, con el libro Sugerencias Para Aprender a Exponer en Público© o el Archivo de Oratorianet puedes complementar tu estudio de este interesante modo de ver la oratoria.

INCREMENTANDO TU VELOCIDAD DE LECTURA VISUAL

Algo que te beneficiará enormemente no solo para leer este material, sino para presentar tus discursos, porque podrás dar vistazos más abarcadores y breves cuando mires tus bosquejos, es incrementar tu velocidad de lectura.

POR QUÉ DEBES ESFORZARTE

No existe especialidad que uno pueda llegar a dominar sin buscar el entendimiento de los detalles, desde las raíces de las teorías e hipótesis. Las cosas más útiles en la vida son las más sencillas, pero no por ello son tan simples como parecen.

Por ejemplo, solo hay 10 números (0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9), y 7 notas musicales (do, re, mi, fa, sol, la, si). Si quieres aprender a sumar, puedes hacerlo rápidamente contando manzanas; pero si quieres participar en el proyecto de lanzamiento de un cohete al espacio, tienes que profundizar las matemáticas hasta un grado especializado. Si quieres ser un director de orquesta, tienes que dominar el uso del pentagrama.

Si un joven sueña con construir puentes, primero tiene que ir a la universidad y convertirse en ingeniero, lo cual le demandará varios años de esfuerzo, incluso incontables noches sin dormir. ¿Te lo imaginas asistiendo a su primera clase y diciéndole al profesor: "Esto me parece muy complicado, en realidad, yo solo quiero construir puentes"? Estaría viendo como una realidad algo que no es realista. La realidad es que, si quiere construir puentes, tiene que saber todos los detalles, desde las raíces. Si solo sabe sumar y restar, podrá construir un pequeño puente en su jardín, pero no un puente entre dos ciudades.

Igualmente, Las 4 Leyes son simples, como los 10 números (0, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9) o las 7 notas musicales (do, re, mi, fa, sol, la, si), o los tres colores básicos. Pero si quieres hablar en público eficazmente y sacarle provecho a tu palabra en el campo laboral y social, no basta con ponerte de pie y hablar con entusiasmo. Eso puede hacerlo cualquiera que no tenga miedo. La cuestión es entender a fondo cómo funciona la oratoria dinámica.

¿NO TIENES TIEMPO?

"Soy una persona muy ocupada", dicen algunos. Pero esa es solo una excusa para evadir la responsabilidad de aprender la manera correcta de ponerse de pie y hablar con eficacia.

Por ejemplo, sería comprensible que un miembro del equipo de marketing o la secretaria redactara los discursos del jefe, porque este tiene tantas ocupaciones que tal vez no le quede tiempo para preparar un tema apropiado. ¡Qué alivio! Pero eso no justifica que se rinda fácilmente y pase a otro una responsabilidad que le corresponde personalmente. Porque ¿qué hará cuando le pidan que diga unas palabras en un matrimonio, en una fiesta familiar, en un velorio o en la asociación de padres de familia de la escuela de sus hijos, en el club o en la junta de propietarios? ¿También le pedirá al de marketing que le prepare un discurso? ¡Por favor, hasta cuándo!

¿Qué le dirías a tus hijos si un día te enteraras de que un compañero de clases les ha estado preparando las tareas a cambio de una propina; y que el día del examen, su compañero dio el examen en vez de ellos a fin de sacar una nota aprobatoria? Vamos, con franqueza, ¿qué les dirías? ¿Les pedirías una explicación? ¿Y si te dijeran que solo están haciendo lo que tú también haces en la oficina, cuando les encargas a otros que hagan lo que deberías hacer tú?

Por eso, te conviene aprender Las 4 Leyes. Porque no son una reingeniería de la oratoria, sino un poner en orden todo lo que hasta hace poco nadie había organizado de modo eficaz para preparar y presentar discursos. Las 4 Leyes se centran más en el cómo que en el qué. Todos sabemos que es importante hablar fuerte, pero ¿cuán fuerte?, y ¿cómo se relacionan entre sí el volumen, la pronunciación y la velocidad de las palabras? Y al enseñar oratoria a otros, ¿qué enseñarles primero? ¿Qué enseñarles en segundo y tercer lugar?

Las 4 Leyes impulsan la motivación y la productividad de tu oratoria, porque te dan una nueva manera de pensar respecto a la oratoria en general, un nuevo conocimiento en la forma de un proceso organizado para alcanzar la noble misión de satisfacer a tus oyentes con un discurso informativo, impactante, conmovedor y entretenido. Después de entender y aplicar Las 4 Leyes, solo tienes que repetir el proceso vez tras vez. ¡Siempre obtendrás buenos resultados!

Por eso, date tu tiempo y comienza cuanto antes a estudiar a fondo Las 4 Leyes y a aplicarlas en tus tratos cotidianos. Para que cuando tengas que presentar un discurso, tu intuición no te engañe y puedas hacer una presentación excelente por reflejo condicionado, sin ayuda de nadie. Si estudias Las 4 Leyes hasta el punto de aplicarlas por reflejo condicionado, tu oratoria fluirá naturalmente siguiendo un proceso centrado en el oyente.
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